martes, 10 de noviembre de 2009

un tiempo, una escritura y un sentido?

El reloj está en otro universo.

Mis símbolos, en este.

Entonces no entiendo.

Veo todo confuso.

Unos copos azules surgen de mi almohada,

y me levanto de la cama.

No hay relojes porque están en otro universo.

Busco contemplar y me quedo desnuda de significado.

Una vez más, con racimos de saber en la mano.

Pero su jugo no se deja beber, y mucho menos reconocer.

Solo hay una nube de aire que se escapa a mi percepción

y se va con su encanto a otra parte.

Me quedo sola, confundida,

sin guía ni orden ni significación ni lucidez.

Ahí, confío y me dejo llevar.

Ya está.

No más buscar respuestas.

No más.

Ahora no existe la pregunta.

Todo se calma. Dejo de conocer. De pertenecer. De permanecer.

Es el estado de la contemplación. No hay explicación.

Sin embargo, acá estoy escribiendo.

Y uno escribe para expresar.

Captar algo y comunicar.

Como salto de la contemplación a la necesidad de comunicación?

Me ahogo en un abismo azul profundo

o me mojo los pies saltando un charco cualquiera.

Lo mismo da.

En estas frases no hay lugar para conservar.

Todo lo deja todo lo puede todo lo encierra todo lo que queda.

Todo lo que queda qué??

Eso no tiene sentido.

Eso, y muchas cosas más.

Y sin embargo,

escribo.

sábado, 17 de octubre de 2009

derecha. Izquierda. Antes. Después. Ahora. Nunca. Arriba. Abajo. Negro. Blanco. Claro. Oscuro. Grande. Chico. Varón. Mujer. Lindo. Feo. Bueno. Malo.

Traspasar la apariencia.

El corazón no se maneja con polaridades.

Vas a domesticarme? Quiero sentirme especial.

Vas a domesticarme? Busco imaginarme única.

Vas a domesticarme? Quiero trascender este absurdo.

Quiero imaginar que hay un sol.

Que hay amor, después y a pesar de todo.

Que no nos diluimos en juegos del lenguaje y conflictos entre personalidades.

Que no nos destruimos por los efectos de los secretos nunca revelados, defectos nunca resueltos (que persisten con meas fuerza cada vez de generación en generación) y relaciones maltratadas.

Una inquietud cualquiera

Una misma inquietud expresada desde dos ángulos diferentes. Desde dos personalidades que tengo conviviendo:Una inquietud mía:

Quiero sacar al universo del tiempo. Para no tener una incógnita en el origen. Para no tener un vacío al final. Para que la angustia no se quede con mi voluntad.

Personalidad A:

- Antes del universo, qué había?

-Nada, porque no hay tiempo.

En esta pregunta estoy mezclado las categorías. No puede haber un antes en el universo. Porque el universo no tiene tiempo. Entonces, no se cómo preguntar lo que quiero preguntar. Tal vez no quiero saber nada. O tal vez sí. Pero no encuentro la forma de expresar lo que quiero decir (si es que realmente lo que busco es decir).

- Personalidad B:

El universo no siempre existió. Porque lo inlcuyo en el tiempo es que tengo una incógnita en el origen. Dentro de la dimensión humana del tiempo, hay un vacío al comienzo y al final, un misterio imposible de razonar. Pero si salgo del tiempo, ya nada me va a inquietar. Voy al origen. Voy al final.

Todo empieza y todo termina exactamente en el mismo lugar.

Todo empieza y todo termina exactamente en el mismo lugar??

El centro del círculo: la libertad.


El inconsiente y lo absoluto???

El inconsiente. Es la otra dimension.

Si me quedo en el punto de vista de la conciencia, soy incompleta.

Tengo una falta que no puedo llenar. Un agujero negro.

Si cambio mi lugar y percibo desde mi inconsiente - aunque esto sea una metáfora (porque creo que el inconsiente no tiene lugar, y no puedo adjudicarle ningún tipo de límite ni orden) -, cambia la concepción que tengo sobre mí y sobre lo - lleno – y – lo – vacío.

Me fundo con un otro en un momento presente,

y así me siento llena constantemente. (Aunque nada se llene ni se vacíe).

“El otro” puede ser una persona, una acción, un objeto, una relación, una táctica o una estrategia…

Mi presente está influido por mi inconsiente y por el inconsiente de ese ‘otro’ que está compartiendo ese presente conmigo.

El resultado de esta mezcla de inconsientes está fuera de mi alcance.

Nada es absoluto entonces y siempre queda abierta la conexión con el misterio.

una palabras de un poco mas de amor

En lo profundo de tu corazón, vos sabés
que esto que te digo es al revés.
No lo des vuelta porque no vas a encontrar más
que restos de algo que nunca va a acabar.
El silencio aquieta hasta la pulsión más expresiva.
Y de tanto silencio tengo miedo de que no siga.
Al imaginarte a temporal, me dejo llevar
por tu abrazo desesperado,
por tu impotencia frente a lo irracional,
por tu cobardía frente a una verdad.

Te sigo hablando en los abismos.
Rescato tu imagen de las cenizas de un olvido irremediable.
guardo esa sensación de que
la mentira es un bocado de ignorancia.
Ignorancia que se escurre entre estatuas de arena
mientras descubro tu cara cubierta de señales de arrepentimiento.

viernes, 10 de julio de 2009

Juego

Te quiero.
Te tengo cerca.
No te tengo.

Te toco y te esparcís.
Te beso y te diluís.
Te abrazo y no tenés más cuerpo.

No hay más afuera ni adentro.
Es solo esto, nuestro fragmento.
Una revolución entre dos?
No hay más ‘dos’.
Qué pasó?
No hay más cuerpo.
Qué pasó?
No hay más tiempo.
Qué pasó?

Somos todo
lo que en la nada se resbala.
(Cuidado el escalón).
Y de repente
una pantalla negra en mi imaginación.

lunes, 6 de julio de 2009

Diálogo con una experiencia pasada. Inexistente.

Mejor me duermo, así cuando despierto, con mis ojos bien abiertos, veo eso que el misterio me tenía prohibido. Y descubro que todo estuvo siempre tan cerca. Por eso no pude captar su presencia. Esencia que no llama ni avisa. Suavemente se desliza entre azares, consuelos y caricias. Me pregunto si es a mí a quién quiere, o si es su razón de ser que no conoce límites. Simplemente ama, no se sabe porqué.

Delicia que se derrama entre los huecos que forman los átomos en mis celulas, mis celulas en mis órganos, mis órganos en mi cuerpo. El aire que entra y sale me conduce por un ritmo que, si le presto la justa atención, me hace desaparecer de mi esquema de organización de mi realidad.

Vuela, vuela, vuela. Es algo que me espera. No se porqué razón, pero me espera. A que aprenda, crezca, me consuma y me muera.

Hay un nudo en mis pies. Recorriendo mi fragilidad te ves. Veo que te ves. Me ves que veo que te ves. Y te da vergüenza.

Desde vos me veo crecer. Me reflejo en tu piel para después desaparecer. Primero una intuición. Después, todo lo demás. Y más.

Hay un nudo en mis pies. Me atan hasta el centro de la tierra. Y no me dejan revolver. Revolver para después reconocer. Retroceder y perecer. Aprender y desaparecer. Para brotar otra vez. Con otros ojos. Con otra piel. Pero sigo siendo yo. No te asustes mi amor. Es el movimiento. El viento se despliega para hacer sonar su instrumento. Nos deja sordos con el mejor sonido. No hay ruido, ni vacío; nada desprolijo ni escaso de sentido. Todo es libertad, amor, verdad. Esta es nuestra revolución. La soportarás? Angustia que no se calma con la sal. La tuya. La del viento. La del mar.

Me resbalo. Casi me caigo. Me sostenés con tu cuerpo de elefante. Después de un rato te das cuenta de tu gesto. Eso... el hecho de que me salvás. Y no querés hacerte cargo. Todo eso es mucho. Te concentrás en un solo átomo y ahora tenés el tamaño de un alfiler. Casi ni te puedo ver. Y mucho menos me sostenés. Me desplomo entonces.

Estoy acá. Vos allá. En un segundo estás tan cerca que me soprendés. Como una arruga en una sábana, que en un instante podés deshacer, (porque estirás la sábana para lograr un orden, una cierta estética). Entonces, mi vida como una arruga, y de repente vos sos esa acción que estira toda mi sabana, que me ayuda a transformarme en sábana estirada sin arrugas y me deja lista para cumplir mi propósito de 'sábana estirada'. Esa fue tu misión? Por eso tu irrupción en mi salón? Quién acaso te mandó? Fue tu conciencia/ la mía / una conexión de vibración / un mandato del universo / un capricho de Dios /una voluntad de la potencia de amor que sutilmente ayuda a los que así lo elijen? El azar no fue. El azar es una farsa. Y vos sos mi esperanza.

CLARIDAD

- La solución es una risa sincera? Es mirar profundamente a esa construcción que ya no somos más? Esa que no nos sirve y que tenemos que desintegrar?

Y se fue. Se quedó un rato mirándose en el espejo, sus ojos fijos en esa imagen que le devolvía el espejo. Tan raro que parecía. Era él y no era él. Se emocionó y lloró. Pero en seguida se asustó y se puso un poco de pasta de dientes en los ojos. Entonces tuvo que dejar de llorar. Porque le ardían mucho los ojos. Su cuerpo dejó de llorar por las consecuencias de el acto de haberse puesto pasta de dientes en los ojos. Había hecho algo y su cuerpo reaccionaba. Sus acciones tenían consecuencias. Todas. Entonces, su cuerpo lloró un poco, y se le pasó. No se si se le pasó. Así parecía ser.

En realidad no se le pasó. Tuvo que cortar la emanación de gotas forzosamente. Porque algo de afuera intervino: la pasta de dientes. La descarga no fue suficiente. La pasta de dientes se metió en el medio y cortó el glamour. Ese momento en el que el cuerpo se estaba expresando. Colgate cortó el glamour.

Se lavó bien la cara. Se mojó el cuello también. Se escurrió bien los ojos, hasta que quedaron un poco menos enfermos que antes. Y salió. Afuera. El viento. El sol. El aire. Mucho aire. Cómo le gustaba esa increíble sensación de respirar. Respirar aire puro, transparente, denso de vida y qué – se – yo.

A veces no se daba cuenta de que respiraba. Es que tampoco era cuestión de estar las 24 horas del día tratando de hacer respiración conciente. No quería perder el ‘punto medio’. La sensación de cordura. El tan ansiado equilibrio. El estaba siendo conciente de su acción de respirar. El acto de respirar. Inhalar. Esperar. Exhalar. El aire que respiraba estaba más puro que los otros días, en los que había respirado el mismo aire, pero distinto. Entonces se le ocurrió pensar en el acto de respirar, y en la profunda e inexorable belleza y simpleza que significaba respirar. Respiro y soy feliz, pensó. Pero pensó esto porque el día estaba lindo. Había sol, viento, energía, naturaleza y pajaritos – de – colores. Estaba afuera de la ciudad. Si hubiera sido un día cualquiera en el que salía de su edificio y respiraba el monóxido de carbono que los colectivos tiraban a la atmósfera (cuando arrancaban y se ponían en movimiento), no habría pensado ni en la belleza ni en la simplicidad, ni en el profundo placer que le causaba el hecho de respirar. (Ni que hablar de los pajaritos – de – colores).

El oxígeno le daba claridad. Se había olvidado de una parte de su personalidad. Durante todo ese tiempo. Se imaginó entonces un perdón inmenso. Unas letras grandes con bordes de colores, colgadas en el cielo, entre los arboles. Letras que simbolizaban esa palabra, que a la vez simbolizaba un gran paso en su vida.

No tardó en bajar el sol. Y la luna se escondió. Se sentía una fuerte ventisca de otoño. La luz no era más luz, y sus ojos esparcían un perfume agrio. Tan agrio como de una ausencia obligada. Y él no sabía que hacer con tanta estupidez.

20 años habían pasado desde aquel día que la vio por última vez. Caminaba por la calle, y así como si nada, la vio. Vio esa sonrisa que tanta felicidad le había dado alguna vez. Y era de una desconocida que había pasado al lado suyo. Esa fugaz presencia le desencadenó un volcán de recuerdos. Recuerdos que empezaban a adquirir tanta fuerza, tanta sensación, tanta realidad. Esas imágenes vinieron a su presente como un tornado rebelde y revoltoso. El seguía parado, impecable. Pero el tornado le revolvió sus entrañas, mezcló su conciente con su inconsiente y su preconsiente, descuajeringó sus esquemas y barricadas (esos que se había armado todos esos años, para estar cómodo y ‘tranquilo’), y su corazón empezó a latir bien fuerte. Y él empezó a sudar. Las manos, la cara, la espalda, todo emanaba un agua salada. Esa sal que ahora tanto necesitaba para que su carne no se pudra… Su alma se estaba pudriendo. De tanto afán de comodidad y estructura, en ese momento, en ese instante, esa sonrisa de esa desconocida movió algo muy fuerte. Liberó cierto misterio. Y esa energía aliviante que comenzó a fluir por todo su ser, hizo posible que su alma hablara. A través de esa vorágine de imágenes, repletas de sentidos molestos, hermosos, amargos, maravillosos, tristes, luminosos y angustiosos, (esas que él había insistido y puesto su mayor esfuerzo en hacer desaparecer), bueno, hoy su alma le vomitaba esas imágenes todas de una vez. Ella, su alma, ya no aguantaba más. Tanta presión tenía, que no le alcanzó con ese vómito. Empezó a llorar en forma de sudor repentino. Entonces el cuerpo de él sudaba. Y era ella que se estaba descargando. A través del cuerpo de él. A ver si él se despertaba de una vez.

Se pasó tres días durmiendo. El cree que fueron muchos años. Pero durmiendo, no para que pase lo insoportable y llegar a un futuro, sino para llegar al pasado. Entonces retrocedió. En esos tres días que durmió, avanzando para el otro lado de la coherencia, llegó a esa maldita etapa en la que todo se le había mezclado. En la que había tenido que elegir cuál de las dos opciones de él mismo iba a seguir con vida, y cuál iba a morir. Porque se le hacía imposible poder sostener a las dos. Eligió y siguió su camino.

Y de repente, todo le parecía tan absurdo. Las personas, cada una con sus tristezas, sus problemas, sus nostalgias, sus locuras, sus angustias disfrazadas elegantemente de una infinidad de enfermedades / síntomas / reacciones, sus pedacitos de cielo atrincherados muy adentro de sus recuerdos y sus ilusiones nunca concretadas. El sistema, que organizaba todo para que todas esas personas sintieran cada vez menos, eliminaran sus partes más humanas y se convirtieran (con y sin darse cuenta) en una especie de autómatas, increíblemente funcionales para que ese mismo sistema siguiera perpetuándose y consumiendo energía vital (energía que esas mismas personas, de haber reflexionado un poco, tal vez podrían haber empeñado en un proceso de renovación de la vida misma: de ellos mismos, del amor, de la alegría, de lazos verdaderos, de comunidad, de cambios…). Su situación, que era técnicamente desastrosa: sin trabajo, solo, triste, endeudado, con un estado de salud psíquico delicado, y, de a ratos, extremadamente aliviado. Y, finalmente, él mismo; todos esos instantes recorridos hasta llegar al lugar en el que se encontraba en ese mismo segundo, en ese mismísimo espacio, haciendo para sus adentros esta reflexión inoportuna. Todo esto le resultaba absurdo. Y más.

Y recordó, queriéndolo, esa sonrisa. Esa que había visto hacía algunos días, meses o años (ya no tenía una clara noción del paso del tiempo, después de esa siesta milenaria). Y porqué la recordaba? Porqué una simple boca con identidad de sonrisa ocupaba sus pensamientos? Y ahí volvió entonces el recuerdo poderoso. El centro tonal de su melodía… Entonces se dio cuenta de tantas cosas. Y se perdonó por tanta estupidez.

Estaba fresco. Hacía fresco. Mucho fresco. Fresco fresco fresco… Frescura. Si. Era una sonrisa fresa. Transparente. Tan tan real.

La sonrisa era fresca. El clima le importaba poco y nada.

Estaba sentado en la cocina. Su perro se acercó. Dejó de comer las exquisiteses que tenía en su plato, y se le acercó. Sentó su cola, estirando las patas de adelante, y lo miraba fijo.

El estaba comiendo una manzana. Y se ve que el perro quería la manzana.

-Porqué querés lo que no tenés? Lo que estoy comiendo es una manzana. Una insiginificante manzana. Y encima está arenosa... Te digo que no te va a gustar. Así que volvé a tu plato con tu comida rica. No se porqué mostrás tanto entusiasmo en probarla… Es porque la estoy comiendo yo? No se porqué razón extraña querés lo que estoy comiendo yo. Si tan solo me entendieras cuando te digo que es una miserable – manzana – arenosa… Tomá, vas a ver que no te va a gustar…

Cortó un pedazo, y se lo tiró al piso. Y el perro, angurriento, se lo comió enseguida.

Y él se quedó sorprendido. El perro se había comido el bocado de manzana arenosa como si hubiera sido un pedazo de carne muy jugosa. Y siguió hablando en voz alta con su conciencia.

- No ves? A mi me gusta comer la manzana hasta que se acabe. No puedo dejar ni un poquito. Es algo que aprendí se ve. No puedo dejarla a ‘media comer’. Asi que la muerdo hasta que no quede más que el tallo y las semillas. Y después la tiro. Viste lo que son las manías de uno? Esto de ser humano es complicado… Por ser perro te perdés de varias cosas. Aunque todavía sigo sin entender porqué te lanzaste con tanto ímpetu hacia el pedazo de manzana arenosa que te di, cuál manjar celestial…

Silencio. Silencio. Silencio. Más silencio. Y silencio. Shhh… silencio. Como un millón de horas de silencio. Unos escasos minutos de silencio. Quietos instantes eternos de silencio…

-Y vos no vas a hablar?

-No tengo nada que decir.

Entonces de nuevo silencio. Un silencio cómodo. Pero no estaba solo. Había ‘alguien’. Entonces, sentía la presión de que tenía que hablar. De que tenía que encadenar palabras para decorar ese silencio (que estaba muy amigable y cariñoso). De que tenía que decir algo para ‘entretener’ a ese otro. Hablar para que ‘ese otro’ no se aburra. Pero tal vez ‘ese otro’ estaba muy tranquilo también con ese silencio. Tal vez lo estaba disfrutando. Tal vez amaba en el silencio. Tal vez hablaba en el silencio, con el silencio. O tal vez no. Pero la presión de terminar con ese silencio existía, y venía de adentro suyo. Por alguna razón, sentía que tenía que exterminarlo. Al silencio, digo. Por eso el brote espontáneo de esa pregunta demasiado sincera, algo inoportuna e inesperada.

El silencio le significaba muchas cosas. Pero en ese momento, recortó un significado en particular. ‘Algo’ que le era conocido y repetido. Ese tipo de silencio transcurrido de a dos, compartido, en donde no sabía si ‘el otro’ estaba vivo o muerto; si ese otro estaba ahí con él o si su presencia emotiva se había marchado. Entonces la necesidad de romper con ese silencio se transformaba en una mandato urgente a cumplir. Entonces la excusa de ‘hacer el tiempo productivo’. Productivo en el sentido ‘una causa - una consecuencia’, un sentido para un significado, relaciones lógicas y comprobables, y nada de locuras, triples sentidos y disparates.

De tanto silencio, algo empezó a hablar. Tanto le gustaron las palabras, que fue difícil convencerlo de que se calle. Al menos por un rato.

-Frambuesa. Náuseas. En la cama. Un cotillón desalineado me escribe cosas raras en la pared. Yo trato de dormir y él me hace reír. No me puedo concentrar.

Así su cabeza empezó a perturbarlo. Daba vueltas en su cama. Para un lado y ara otro. Pero no conseguía el descanso. Y su inconsiente o quién fuera, seguía hablándole y descuajeringando su orden.

-…Enjambre chueco? Porqué pienso esas dos palabras juntas de nuevo? Porque esa frase aparece de nuevo en mi imaginación, así de repente, una vez más? … Un vacío lleno de mierda? Entonces no es un ‘vacío’. Porque está ‘lleno’. Y ‘lleno’, efectivamente de mierda. Que feo. Que asqueroso. Sucia inmundicia chancho – repugnante – ordinario! Porque hilás esas palabras que te dan una sensación de asquerosidad? Inmundicia prematura. Cuarentona roñosa. Cuarentona ¿? Cuatro qué? Porqué el concepto de cuarenta?? Cuarenta capas de cebolla…cuarenta abdominales… cuarenta veces repetir lo mismo… cuarenta años no son nada y son toda una vida… cuarenta desgracias y cuarenta alegrías… cuarenta maneras de decir lo mismo de diferente manera… cuarenta segundos tiene un minuto… cuarenta minutos tiene una hora… cuarenta horas tiene un día… cuarenta días tiene un mes… cuarenta meses tiene un año… y el calendario se descuajeringó. Nadie sabe cómo arreglarlo después de esta introducción novedosa del concepto de ‘cuarenta’. Todos andan desquiciados por las calles, corriendo muy rápido y arrastrándose como lentos gusanos mientras todos los relojes explotan de incoherencia e ironía. Todos agitados y demasiado somniolientos. Qué hora es – a qué hora es la reunión – qué día se vence el plazo – cuándo empieza el fin de semana – cuánto falta para irme a mi casa – Hace cuarenta minutos que estoy esperando, a usted le parece?? Esto es una vergüenza señor – El cuarenta de este mes te pagamos el aguinaldo – yo saqué turno con el doctor a las tres … pero ya no existe más ese horario señora … no puede ser, si mi reloj dice que son las… ay…. Explotó! … Qué raro – El 15 de marzo le hipotecamos la casa … Bueno, total, ya no rige más esa fecha, ni ese mes, ni esas palabras, asi que, da lo mismo, si querés te compro un helado de chocolate y frambuesa, y vos hipotecame lo que quieras… no te das cuenta de que los relojes explotaron? – El cheque vence el 20 de agosto… Y a mí que me importa… mandale saludos a tu abuela! – Amor, a pedrito hay que buscarlo a las cuatro y media por el jardín, podrás escaparte del laburo e ir a buscarlo? Yo tengo turno con la ginecóloga… Veo si puedo, tengo una reunión en el año 1983 con Alfonsín y el VP de marketing de Techint. Salgo y lo busco tipo ocho y media el mes que viene, quedamos así?... Pero… qué le pasó a este reloj? No tiene más agujas! – Necesito cuarenta tornillos para arreglarme la cabeza y el mueble de la cocina – Te hago un descuento del 40 % en falabella si me compras cuatrocientas teteras en un mercado de antiguedades de san Telmo… es que mañana me voy a Inglaterra y voy a tomar mucho té, y dicen que ahí los tenés que tomar de a ‘traguitos’: un traguito de cada tetera, cuarenta traguitos de cuarenta teteras – Es la cuarta vez que me divorcio, y no encuentro abogado que me quiera hacer los trámites … Qué necesito? Qué es importante para mí? Qué me llama la atención?...

Alguien hablaba. Algo susurraba.

Había tenido hambre tantas horas, que ya no tenía más hambre. Y vino de nuevo. La pulsión expresiva.

- Si no actuás, no transformás nada. Si no decidís, no actuás. Si no transformás, para qué vivís? Para ser una masa tibia, arrastrada y aburrida que va pasando por las etapas de su vida sin más motivación que la de ‘hacer lo que le dicen’? Acaso no querés llegar al núcleo de todos los núcleos, al amor más genuino, primero, fundamental e infinito? Entonces no te entiendo. No hablamos el mismo lenguaje. Dos más dos puede ser infinitas respuestas. No solamente cuatro. (Aunque después, cuarenta tenga también infinitas asociaciones).

Alguien hablaba. Algo susurraba. De nuevo. Y no le quedó otra que escuchar eso que venía de adentro suyo…

- La palabra es muy poderosa. Y juego con las palabras. Es interesante. Es divertido también. Nadie me controla y escribo lo que quiero. Y cada uno relaciona lo que quiere. Total. Para eso la libertad. Cada uno con su construcción. Al final se sabrá cuáles son las construcciones que van a seguir de pie, firmes, sanas, y con una profunda paz. Y también se van a ver los escombros de esas construcciones que no resistieron, y se derrumbaron en el intento. Todos los escombros mezclados en una inmensa masa amorfa de sueños perdidos, amores pésimamente mal tratados y encarados, millones de buenas intenciones llevadas a la ruina por falta de criterio y de sensatez, relaciones desintegradas, proyectos nunca concretados (por miedo, cobardía, ignorancia, etc., etc., etc.). Miseria. Tristeza. Mucha tristeza. Profundo pesar. Entonces esas construcciones llegan a su verdad cuando se convierten en escombros y pasan así a reconocer su podredumbre y la ajena? Les sirve de algo darse cuenta de la verdad cuando ya son puro escombro? Y si simplemente no sabían, y nunca escucharon palabras sabias acerca de cómo convenía vivir? Y cómo es que conviene vivir acaso? Es que simplemente hay que aceptar y premancer eternamente en esa condición escombrosa? Qué injusto. Igual, hay otra salida. Resurgir del escombro. Por supuesto que con la propia voluntad de cada uno sería imposible. Y para eso ‘Dios’. Esto si es que la persona quiere dejar de ser escombro para pasar a ser luz. Ahora, si es un escombro amotinado, se queda donde está. Y chau. Se jode por limitado. Esombro para siempre y por siempre, en todos los tiempos existidos, existentes, y por existir. Escombro antes y después de la muerte. Infinitud escombrosa…

Se sentía bastante aturdido. Confundido. Confundido. Confundido. Se fue al baño. Se lavó bien la cara. Le encantaba mojarse la cara con agua bien fría. Era un ritual. Esa agua lo purificaba. Lo despertaba y lo orientaba. No importaba dónde. Lo ponía de nuevo ‘en eje’. Y salió a caminar para ventilarse la cabeza. Estos mensajes ocultos desplejados en la inmensidad de su imaginación lo estaban empezando a preocupar.

- Nada de futuro, oíste? Querés profundidad y misterio? Buscalos acá, ahora, en este tremendo mismisimo momento ordinario de tu día. Cómo? No se che, fijate… vos sabrás… es tu vida no la mía. Cerrá los ojos y escuchá. Te habla el lenguaje de las profundidades del azar…

Esparcía un poco de nostalgia con esos ojos que tenía. Como si en esa mirada que sutilmente desplegaba en ese espacio que lo separaba con ese – otro (un espacio que se había convertido en tiempo… en años) estuviera hablando, a gritos y en susurros, tratando de decirle (a ese – otro) en el silencio lo mucho que había querido en su vida. En su vida hasta ahí. Todo ese amor que había entrado y se había ido de su corazón, que había circulado por cada átomo de cada célula de cada órgano de su cuerpo. Y ese olor a nostalgia impregnada que contaban esos sus ojos hacía pensar que él estaba solo. Que se había quedado solo, después de todo. Tanto esfuerzo. Todo ese amor que ya no estaba. Que formaba parte del pasado. Ese pasado que tanto lo reconfortaba y a la vez tanto lo raspaba, impidiendo que su alma cicatrice, de una buena vez. Tal vez porque nunca se había propuesto curarla.

Nostalgia. Por algo que no estaba. Que había terminado. Fin. Fin. Y más fin. Pero seguía albergando una esperanza. Porque sino, esos ojos no hubiesen llorado de nostalgia, si no que se habrían vuelto ciegos por los efectos de la angustia. Todo negro. En la angustia no hay esperanza posible. Por eso es intolerable y ella misma se desliza hacia su propio parto. Por eso, en su misma esencia radica su propio final. La angustia aparece y se muere. Está destinada a terminar. A veces se va sola, y, otras, se lleva el alma del cuerpo en donde se manifestó.

“Cada experiencia de dolor es una oportunidad para transformar toda nuestra oscuridad en rayos de colores”, pensó. “Todos pertenecemos a un orden mayor… El lenguaje de los pájaros. Las golondrinas se van, qué les pasa?”.