lunes, 28 de junio de 2010
Qué hay detrás y al costado de dios.
La libertad y el inconsiente me confunden.
Además de la razón, hay otra manera de organizar el mundo. Hay muchas cosas de las que no soy conciente. Por eso el inconsiente. Significados, en forma de recuerdos – palabras – imágenes - olores – sabores – relaciones – sentimientos – sensaciones – frustraciones – desilusiones – personas - etc, que aún sin que los note forman parte de mi sistema y tienen cierta influencia en mi intento de totalidad. Parecería como que tuviese que hacer un esfuerzo para deshacer todo lo que fui construyendo en mi pasado. Todo eso que se fue reprimiendo a lo largo de mi historia tiene que pasar a la dimensión consiente, para que siga su curso y así poder liberarme de su influencia simbólica. Me pierdo en estas ideas psicoanalíticas. Es que no quiero caer en el discurso ya conocido del psicoanálisis. Quiero seguir por ahí, a ver a dónde llego. Pero me voy por las ramas, me desorganizo y ya no se qué quería decir cuando empecé la frase…
Entonces cómo entiendo el concepto de libertad si hay significados que desconozco concientemente y que influyen en mi ser total? Cómo puedo ser responsable de mis acciones / desiciones / reacciones, si hay una parte mía que no está integrada en mi conciencia? Cómo hago para ser libre con ‘conciente’ y con ‘inconsiente’?
Buscando otra manera de experimentar la libertad, ahora que sé que soy un ser complejo. La libertad es garantía de vida. Todos tenemos ese instante de lucidez para elegir ir hacia una dirección u otra - para optar por una fuerza que creemos que es positiva y otra que creemos que es negativa - para optar por una fuerza que es negativa en sí y otra que es positiva en sí? Esto es una preunta o una afirmación? Y esa diferencia de fuerzas, es objetiva? O elijo creer que hay una fuerza negativa y otra positiva? Y ‘positiva’ y ‘negativa’ en tanto opuestos, o los incluyo dentro de un esquema de valoración subjetiva, entonces entiendo a una fuerza como ‘buena’ y la otra como ‘mala’? Me perdí de nuevo con tantas preguntas a la nada. Mientras escribo, las digo en voz alta anhelando una respuesta urgente, pero el silencio a mi alrededor me devuelve el mismo eco de su presencia. O sea que no tengo respuesta.
Mi cuerpo y el espacio se mueven.
Mi cuerpo y el espacio se mueven. Mi cuerpo y el tiempo se detienen a observar el sol que despega de las profunidades de mis entrañas. Mi cuerpo, el espacio y el tiempo se mezclan y quedo yo, así como estoy ahora, que no se qué soy, que a veces me experimento de una manera, a veces de otra muy opuesta, y otras veces simplemente no encuentro palabras que me representen. Una masa. Un tiempo y un espacio. Un cuerpo que se va moviendo en un campo. Ese movimiento va cambiando al cuerpo. Ese cuerpo va modificando al campo. El tiempo y el espacio se trasgreden de a poquito y ya no hay más masa. Dónde quedo yo entonces? Experimento mi cuerpo de otra manera. El espacio y el tiempo a veces me resultan extraños e inexplicables. Mi cuerpo me resulta un extraño y a veces un enemigo también. Entonces mi cuerpo, este espacio y este tiempo son un límite. Que me ordena y me tranquiliza. Y todo este movimiento que despliego a mi alrededor y adentro mío, siguiendo alguna dirección, me sirve para casi imperceptiblemente ir agrandando la dimensión de este espacio, este tiempo y este cuerpo. Mi percepción se ensancha y mi alma se llena de amor. No hay más tiempo ni cuerpo. Qué hay? Al menos una canción.
La libertad para llegar a la verdad y a la desintegración de mi ego.
Cuando hay verdad, cuando percibo la verdad, ya no tengo libertad, o ya no me hace ningún sentido pensar en esa condición. Cuando percibo una verdad, ésta me toma por completa, me colma de tal manera que no tengo opción. No se me plantea la cuestión de elegir. Simplemente sigo esa verdad. Es esa sutil intuición que se presenta en los momentos radicales de mi vida. Con esto, se deshace toda mi débil teoría de la libertad, del ser humano como ser libre. O es que eso solo me sirve para ordenarme cuando no estoy en el terreno de la verdad. En la verdad no hay separación ni comparación ni elementos separados. Pero necesito manejarme con el criterio de la libertad hasta llegar allí. Y una vez en la verdad, ya la libertad se deshace, no tiene más sentido. Como no recae sobre mí la responsabilidad de elegir, me voy alejando más y más de mi ego, hasta el punto de desaparecer. No hay más ego ni libertad ni separación ni ansiedad. Qué hermoso.
sábado, 26 de junio de 2010
Que la herida no es más herida
Que la herida no es más herida con el sonido de tu luz. Que las cadenas se diluyen con la vibración de tu voz. Cuándo llegará el momento donde veremos con ojos bien abiertos el descenlace de todo esto que desde acá no parece más que un circo incierto? Dónde queda la parodia cuando no hay nada que decir? Dónde dejo mi inquietud cuando nadie hay a quién preguntar? Suaves horizonte de sal se desenvuelven en el camino, cuando sopla el viento y los arboles me acompañan con su solitaria presencia, siempre agarrados fuertemente al suelo de tierra con sus invencibles raíces de vida plena.
Un juego en el espejo
Soy el elemento que desordena. Soy el elemento desordenado. Por eso no me quieren en ningún lado.
“Ojos. Nariz. Boca” … Silencio. Un espejo. Una imagen en el espejo. Mi imagen en el espejo. Mi cara. Mis rasgos. Mis ojos, mi nariz y mi boca.
“Ojos. Nariz. Boca”… Seguía el silencio. Y mi mirada clavada en el espejo. Cuando pronunciaba la palabra ‘ojos’, miraba mis ojos. Sus movimientos. Los movimientos de mis ojos. Mis movimientos. Lo mismo con la nariz. Y con la boca. Una mirada fulminante. Una mirada que no tenía nada que perder. Yo no tenía nada que perder. Completa y absolutamente sola, con mi imagen en el espejo. Una imagen que no se transformaba. El tiempo pasaba. La mirada era sostenida y firme. Y mi rostro seguía siendo el mismo.
Esa mirada tan audaz. No tenía miedo. Por eso se mantenía fija y penetrante en el espejo. Como esperando la revelación. A la revelación de lo que hay detrás. Detrás del espejo. Pero nada cambió. Nada se me reveló. Aunque todo iba cobrando sutilmente otra dimensión.
Los párpados estaban hinchados. Los movía un poco. “Ojos”, decía mi voz. Pasaba a la nariz. Inflaba y desinflaba los agujeros. “Nariz”. Después, círculos con la boca, de un lado a otro. “Boca”.
Ridículo. Aburrido. Sin sentido. Gracioso. El universo lúdico. Todo era un juego. El miedo no existía. Y de nuevo el ciclo.
Algunas gotas salían de esos ojos lastimados. Querían jugar también. Pero esas gotas no tenían tiempo. Su corta existencia no se los permitía. Salían del ojo, apenas un puñado de segundos, rodaban por la cara, bordeando la nariz, después por un costado de la boca… y terminaban. Se caían al suelo y se deshacían. Fin para esas lágrimas. Y seguían tristes. No habían podido jugar. Se quedaron sin jugar. Estaban muertas, despedazadas en el piso. Tristes, por su deseo insatisfecho.
Mientras tanto, las cejas se movían. Las pupilas iban de un lado a otro siguiendo alguna trayectoria. Los agujeros de la nariz de nuevo se achicaban y se agrandaban, y la boca los seguía haciendo círculos. Y otra lágrima salía. Efímero segundo hasta el suelo. Y se muere otra lágrima. Muerta y también triste, porque se quedó sin jugar.
Me cansé de todo ese absurdo del espejo y me fui a dormir.Un cuento?
Salí de mi casa, después de muchos días. Después de un millón de años y algunos horas. Después de escasos indescriptibles segundos, en los que ni una gota de luz atravesó mi espacio cotidiano. Y como no había luz, poco tenía de vitalidad este espacio en el que me reposé tanto tiempo.
Entonces salí. De una manera diferente. Nueva. Me disfracé de gorila. Era un disfraz que me había comprado alguna vez en no me acuerdo dónde. Y esto fue porque, mientras comía una banana de desayuno sola en la cocina, se me vino la idea de mono a la cabeza. Entonces lo asocié con mi disfraz. Lo tenía en el fondo de un ropero viejo y bastante venido a menos.
Entonces me vestí de gorila y salí. Por suerte no hacía calor. Había mucha luz afuera. Todo parecía más brillante que lo que yo me imaginaba. Supongo que era el efecto de haber estado encerrada tanto tiempo. Oscura y sin ventilación.
Y en la plaza cerca de mi casa había un señor gordo panzón durmiendo en un banco, sentado. Y me senté al lado. Hacía días o meses que no se bañaba. De tan solo echarle un vistazo podía percibir (con esa extraña certeza que a veces me brota) que este señor había tomado muy malas decisiones en su vida. O, peor, que no había sido capaz de tomar desición alguna. Y ahí estaba. Solo y sucio.
En eso me di cuenta de que el sol no me estaba acariciando, a pesar de que yo presentía que estaba cariñoso (el sol). Y era porque tenía todo el ropaje peludo encima. Y también me di cuenta de que ya no me estaba divirtiendo más con ese disfraz. Entonces volví a casa, me puse un pantalón y una remera. De repente todo estaba tan patéticamente oscuro. Y me deprimió. Así que abrí las ventanas y persianas para ventilar. Para que entre de una buena vez todo ese aire rico que perfumaba ese exterior, que parecía tan inalcanzable y ahora estaba tan cerca. Afuera rebalsaba de luz. Y me senté. Me dispuse estratégicamente en el balcón, de manera tal que los rayos del sol me acariciaran la cara y los brazos. Cómo me hacían falta las caricias. Así me quedé. Sola y profundamente acompañada. Sin hacer absolutamente nada. Asi que este relato termina acá, porque no tengo nada intersante para contar y me estoy poniendo un poco nostálgica.
diversidad
Si te di algo, es porque ya era tuyo. Desde siempre. Y tal vez sea de otros. Y también tuyo. Eterno.
Estas palabras me confían lo que yo todavía no sé. Y lo que tal vez no termine nunca de entender.
Buscás secretos en los confines, en los huecos, entre toda este mezcla de letras amontonadas? Seguramente encuentres alguno. Siempre hay secretos y más secretos adonde quiera que poses tus dulces y curiosos ojos.
Llueve. Llueve. Llueve. Todo lo que está abajo se moja. Y lo que está arriba se ríe de las cosas que luchan por esquivar a las gotas.
Y mientras tanto, te desplegué mis sugerencias vitales, entre llantos y encantos. Pero la pulsión de la tierra toda, la que mueve los hilos, las trayectorias y las distancias entre la vida y la muerte, no puede ser expresada. Es como si descansara en una esfera a la cuál no puedo acceder con el filo cortante y organizador de las palabras. Y ellas, al mando de alguna voluntad, en este caso la mía, buscan traspasar ese límite, y llegan casi más allá de su imposibilidad. Pero no logran ni siquiera acariciar los bordes de la eternidad.
Este es mi intento por cruzar el umbral. Busco la diversidad. Una diversidad natural. Que no me separe y me haga decansar.
Hay una conexión invisible entre el centro de la tierra y las nubes en el cielo. A través de esa conexión, el agua puede hacer su recorrido, y así ayuda a la vida en la tierra a cumplir su ciclo. A renovarse. A desplegarse, crecer y arruinarse. El círculo. Sin cesar. El agua también recorre las dimensiones del azar.
Dos personas y una relación.
El movimiento irremediable. Los cambios constantes. El fluir de la vida te pone en esa tensión constante. Y el otro tal vez no puede seguirle el ritmo a esa tensión que vos planteás en determinado momento. El otro tiene también su propia tensión, su propio ritmo y su propio fluir. Entonces no se comprenden. Hay desfasaje de mundos, de sentimientos y de significados. No hay puentes entre ambas tensiones. No hay conexión entre esas personas que conforman esa relación. Es muy difícil lograr sincronizar lo emocional, lo sexual, lo anímico, lo racional de dos personas en una relación. El momento de la sincronización es un milagro. Podría ser el milagro del orgasmo en lo sexual, el milagro del abrazo sincero en lo anímico. Y más. Pero, por fuera de esos momentos extraordinarios de la sincronización, todo es complejo. A veces más, a veces menos. Y por más de que haya mucho amor y buenas intenciones, la sincronización no depende de nosotros, sino del misterioso movimiento de la vida.
En este contexto que me imagino, que pasó y no pasó, la sincronización no pudo lograrse. La relación no resistió a la espera del milagro. Qué hacer frente a esa aparente triste realidad? Reír. Reír es lo que queda. Es el puente. Es lo que une. Allá, en la otra dimensión. Frente a la realidad de la separación, la risa es la solución, lo que trae alivio aL corazón, lo que mantiene la conexión emotiva en ese otro espacio: el del amor y la imaginación.
Te veo. Me veo. Me pierdo. Te dejo. Me escondo. Me duermo. Te quiero. Entonces vuelvo. Despierto. Estás lejos. Desierto. Me seco. Me recupero y regreso. No hay tiempo. Y espero. Silencios. Desechos enfermos.
Tiempo paralelo. Tiempo de reserva. Tiempo en otro lado. Tiempo acostumbrado. Tiempo retrasado. Tiempo desalmado. Tiempo diferente. Tiempo en otra mente.
Te encuentro. Nuevo y viejo. Te envuelvo. Despierto de nuevo. En el silencio. Te invento. Te envuelvo. Te invento y desaparezco.
Lo dulce y lo salado.
Sobre cómo lo dulce se transforma en lo salado. Sobre cómo lo salado vuelve a dar a lo dulce su gusto sagrado.
El mar, sin lo dulce, seguiría siendo salado? Sin lo salado, lo dulce seguiría existiendo como ‘dulce’? Qué pasaría con las frutas si de repente la arena absorbiera toda la sal del océano?
Todos los ríos desembocan en el mar. Y el mar devuelve el agua a los ríos. Hay una conexión invisible entre el centro de la tierra y las nubes en el cielo. A través de esa conexión, pasa el agua, permite su recorrido ayudando a la vida en la tierra a cumplir su ciclo. A renovarse. A desplegarse, crecer y arruinarse. El círculo, sin cesar, el agua recorre las dimensiones del azar.
Lo salado es esencial. Esta es la premisa que imaginó mi cabeza hoy. Lo salado existe a pesar de lo dulce. Aunque no investigué nada al respecto, simplemente me dieron ganas de interpretarlo así. No importa la oposición verdadero – falso en esta dimensión. Estoy jugando con la creación.
Entonces lo salado existe a pesar de lo dulce. En mi esquema imaginativo. Pero, también, lo salado no puede existir sin lo dulce. Porque no sería ‘salado’. Sería lo mismo pero también diferente. Porque todo se define dentro de un conjunto. Cada cosa se llena de un significado dentro de un sistema, rodeado de otras ‘cosas’. Nada es completamente solitario ni absoluto. Esta es mi conclusión. Sin saber nada, lo intuyo.
Acá no hay vaivén. Ni ida ni vuelta. La balanza se inclina para un costado. Ahí encuentro un equilibrio extraño.
Sincronización
Se trata de encontrar, en cada momento y circunstancia de la vida, eso capaz de sincronizar con lo que vos estás viviendo / pensando / sintiendo / ofreciendo / buscando / necesitando / construyendo. La ‘persona’ adecuada para cada etapa de tu vida, ese complemento que puede hacer de esa etapa tuya una explosión de sentido / energía / amor y realización. Esa ‘persona’ está, en alguna parte del mundo, dando vueltas, esperando que la encuentres. Hay que buscarla o crear las condiciones para que venga hacia vos. cuando escribo ‘persona’, es metafórico. ‘Persona’ puede ser, (además de una ‘persona’), una situación, una oportunidad, una decisión, una información, un mensaje, etc. Siempre hay algo de afuera que uno anda necesitando para que lo que uno está viviendo en ese momento se vuelva fructífero, lleno de sentido y con consecuencias maravillosas.
Hay un complemento para cada etapa. Para cada alegría. Para cada caída. Para cada una de las situaciones de la vida de uno. Se trata de buscar los complementos. No – podemos – andar – sin – complemento. Nos perdemos de lo más lindo y misterioso de la vida. Sin el complemento, esta vida no tiene gracia. Y qué sería la vida sin gracia? Un conjunto de masa arrastrada. Y yo (no se ustedes) no quiero ser un conjunto de masa arrastrada.
Explicación imaginada para una relación desintegrada.
El. Estaba - ‘enamorado’ – de – la - imagen – que – él – había – construído – de – lo – que – para – él – era – una – mujer. Y durante cierto tiempo, ella, las circunstancias, la vida… en fin, todo este conjunto, hicieron coincidir la forma – rasgos – características de ella, con esa imagen. No había intenciones que concientemente manejaran ni controlaran nada. Ninguna conciencia. Simplemente como una fuerza invisible, un impersonal; eso que maneja los hilos dispuestos detrás de las cosas que efectivamente pasan: cosas de la vida cotidiana, del discurrir de las decisiones, acciones, movimientos y todo lo que sujetos en – relación, dentro de un mundo, suponen. No había juicios ni intenciones. Todo se desplegaba en otro plano. Todo dispuesto para ser como fue.
Después de un tiempo prudente, como si ese Impersonal supiera el momento justo para hacer que todo explote y que todo cambie, algo pasa. Algo pasó. Y ese cambio de ritmo se percibió. En uno y en otro. Con diferentes formas, estilos y colores. Casi imperceptible. Pero fulminante. Todavía no había fuego. Pero ya todo había explotado.
Ella sentía una distancia. Algo de fatalidad. Sin retorno. Cada vez más lejos. Y los niveles, en los que cada uno estaba, tenían cada vez menos puntos de contacto entre ellos. Después, ni siquiera había puntos de fuga (algún instante extraordinario que permitiera olvidar el profundo silencio entre ambos). Esos momentos de descanso ya no estaban. Hasta había ella dejado de hablar. De ponerse celosa. De enojarse. De dar besos. Sus abrazos eran tristes, allá lejos. Para cumplir. Como si ella, a esas alturas, ya se hubiera rendido. Se hubiera dado cuenta de que ya no valía la pena seguir luchando. De que ya no había puentes (un territorio común, gestos palabras… un hogar) entre los dos. Ya no existía ninguna forma de acceder a él. Ni él a ella. Y todo eso sin ser la culpa de nadie. Acá no había juicios, ni valoraciones, ni estética alguna. Era algo más sencillo. Más primitivo. Más real. La otra dimensión.
Ella se protegía. Era lo único que buscaba. Y empezaba a ver esa verdad que la invadía desde todos los ángulos. Ella empezó a ver todas estas cosas. Y no pudo hacer otra cosa más que huir. Dar un gran paso. Decidir y después huir. Para que la muerte no la alcance.
Y él. El parecía no darse cuenta de todo esto. O sí. Todavía no sabía que lo que él ‘amaba’ era una imagen. Su propia imagen de lo que para él significaba una mujer. Su construcción. O tal vez lo sabía y no lo sabía. Y empezó a notar que la ‘mujer’ que tenía al lado era y hacía cosas que él no podía entender. Y que le molestaban. Mucho. Y empezó a juzgar. Y así fue cortando los pocos puentes que quedaban. Esos puntos de fuga, de descanso, desaparecieron. Ya no había manera de conocer realmente a quién él tenía al lado. Estaba muerto de miedo también, supongo. Lo que a él no le gustaba, estaba ‘mal’. Y le molestaba. Entonces ella era ‘loca’, ‘mala’, egoísta’. Y él no podía salir de esa estructura. Ni del campo de – lo – bueno – y – lo – malo que él se había construído.
Lo que tiene que ser, va a ser. Lo que está escrito, se cumple. Hay cosas que están dispuestas por esa fuerza invisible. Y la misma vida se encarga de que todo siga el curso marcado.
Cada persona tiene su ritmo. Su tiempo. Su orden. Su silencio. Sus propias melodías, tensiones y relajos. Ni – mejor – ni – peor. Solo querer estar dispuesto a aceptar el desafío. Que es inmenso dolor. Enorme alegría. Pero si los puentes están destruidos, este intento de comprender sin juzgar se vuelve una tortura. Un sin sentido completo.
Y los puentes entre ellos dos estaban muertos. Destrozados. Hechos pedazos. Ya las palabras no tenían su maravilloso don. Y los cuerpos no hablaban el mismo lenguaje. No había puentes. Todo muerto entonces.
El se quedó en su estructura. Pasó un tiempo. El pudo entender algunas cosas. Aunque no se si llegar a sentir brutalmente algo. Le agradeció a ella el ‘gesto’. La – imagen – de – mujer – perfecta, aunque un poco consiente ahora, seguía operando en él a la perfección. Esto lo hacía sentir muy tranquilo. Y a uno lo tranquiliza eso que le resulta familiar.
Vos
VOS.
Mientras te acaricio, voy conociendo tus secretos. Voy habitando todos tus escondites. Voy descubriendo todos tus silencios. Hasta que quedamos por fin desnudos en el suave manto de alguna pequeña verdad. Los muros se van deshaciendo con el despliegue emotivo del roce de dos cuerpos, de pieles que envuelven dos cuerpos. Despacio, la caricia va dejando de importar. Va dejando de existir…
El trazo de tu pincel en mi piel dibujó formas que ya no quiero comprender. Tu influencia no se cansa de permanecer en esos espacios en los que mi razón no tiene ningún poder. Entonces mezclo mis colores, que son el resultado de tus trazos, mezclado con otros sabores, con otras maneras de tratar los amarillos, verdes y violetas, por ejemplo. Y se forma una nube tan presente que no consigo clarificar ningún límite. Me gusta esa sensación. La disfruto, pero empieza la desesperación cuando me hago consiente de que no percibo ningún límite capaz de sostenerme.
Dónde estás vos que no te veo? Dónde estoy yo que no me siento? Dónde está el otro, que me aburre con su paleta repleta de marrón oscuro?
Contemplar
El reloj está en otro universo.
Mis símbolos, en este.
Entonces no entiendo.
Veo todo confuso.
No hay relojes porque están en otro universo.
Busco contemplar y me quedo desnuda de significado.
Una vez más, con racimos de saber en la mano.
Ese jugo no se deja beber. O tal vez sí, pero yo ya no lo quiero.
Solo hay una nube de aire que se escapa a mi percepción
y se va con su encanto a otra parte.
Me quedo sola, confundida,
sin guía ni orden ni significación ni lucidez.
Ahí, confío y me dejo llevar.
No más buscar respuestas.
Ahora no existe la pregunta.
Todo se calma.
Dejo de conocer. De pertenecer. De permanecer.
No hay explicación.
Es el estado de la contemplación.
Arrepentimiento
Sorprendo. No anuncio.
Atravieso el silencio impenetrable.
Transpiro viento del pasado.
Me seco y vuelvo al mar.
En lo profundo de tu corazón, vos sabés
que esto que te digo es al revés.
No lo des vuelta. No hay más
que restos de algo que nunca va a acabar.
El silencio aquieta hasta la pulsión más expresiva.
Y de tanto silencio, tengo miedo de que no siga.
Al imaginarte a temporal, me dejo llevar
por tu abrazo desesperado,
por tu impotencia frente a lo irracional,
por tu cobardía frente a una verdad.
Te sigo hablando en los abismos.
Rescato tu imagen de las cenizas de un olvido irremediable.
guardo esa sensación
de que la mentira es un bocado de ignorancia.
Ignorancia que se escurre entre estatuas de arena
mientras descubro tu cara cubierta de señales de arrepentimiento.
Cronología de un despertar
Te digo una palabra para que entiendas algo. Escucho tu silencio y comprendo todo. Tan solo una palabra y te dejo sordo. Primero, la imagen. Después, el ruido. Primero la luz. Después, su sonido. Así es como se despierta el tiempo de la tormenta. Nazco. Se produce le que duele. Separación. En todas sus formas. Crezco. Se procesa lo que angustia. Separación. En todas sus formas. Muero. Empieza lo que anhelo. Unión. Ya no hay formas ni normas.
El vínculo
Mi eje no es independiente del movimiento exterior.
Qué es eso que pasa afuera que me hace girar?
De dónde viene eso que experimento adentro y me persuade a expresar?
Vínculo. Vínculo. Maldito vínculo.
Nos mantiene a todos conectados por sutiles hilos que se despliegan como en red, conectando la psiquis de todos y cada uno con el impulso vital.
Todo lo que pasa afuera.
Todo movimiento repercute en mí.
Toda desición repercute en mí.
Toda acción repercute en mí.
Toda unión repercute en mí.
Toda separación repercute en mí.
Toda creación repercute en mí.
Toda destrucción repercute en mí.
Y con eso, qué?
Acaso cambia algo?
Acaso algo se mantiene inmóvil?
Acaso podemos sumergirnos en un espejo
y salir volando en el espacio,
o entrar en los corazones para solo relacionarnos con la verdad?
Esa mujer
Puedo brillar como ninguna, aunque a mi alrededor haya desierto.
Puedo apagarme enseguida, aunque mi corazón siga despierto.
Puedo hartarme del silencio, aunque sea él el único que sabe tu secreto.
Puedo callarme hasta el cansancio,aunque mi voz quiera gritar lo que transcurre entre las palabras.
Puedo no entender nada, aunque no haya nada que entender, y no quedarme conforme.
Puedo quererme mucho y hacer maravillas.
Puedo quererme tan poco y desplomarme con una simple brisa.
Puedo romper mis estructuras. Reírme de mí misma y no juzgarme más. Nunca más.
Paso de un estado a otro sin ninguna razón a la vista.
Mi mente piensa una cosa. Mi cuerpo le dice otra.
Soy contradicción. Soy espectro y soy silencio.
Soy nada y soy amor. Soy tristeza y soy dolor.
Soy tan independiente que a veces pienso que puedo sola.
Soy tan asquerosamente dependiente que los celos me destrozan.
Soy tan loca que hasta parezco normal.
Me irrita tanto la normalidad que a veces me vuelvo un poco más loca.
Me quiero y me detesto. Y hay muchas cosas que no entiendo.
Te quiero y te desprecio. Pero más te quiero.
Puedo fluir como el río y dejarme llevar.
Puedo transformarme en piedra y dejarme estar.
Puedo estar tan cerca y tan lejos.
Acercarme tanto como el presente…y alejarme tanto como un recuerdo.
Puedo ser todo y nada. Muy fuerte y tan débil.
Puedo estar pero no estar. Desaparecer y seguir viviendo
Soy mar y río. Viento y lluvia. Luz y oscuridad.
Soy risa y llanto. Melodía que suena con cualquier compás.
Soy armonía. Llevo en mí infinitas melodías.
Soy muchas caras de un mismo cubo. Muchos caminos para llegar a un mismo punto.
Puedo ser roca y disolverme. No se cómo. No se cuándo. Solo espero.
Y mientras tanto te quiero. El amor está en el centro.