sábado, 26 de junio de 2010

diversidad

Si te di algo, es porque ya era tuyo. Desde siempre. Y tal vez sea de otros. Y también tuyo. Eterno.

Estas palabras me confían lo que yo todavía no sé. Y lo que tal vez no termine nunca de entender.

Buscás secretos en los confines, en los huecos, entre toda este mezcla de letras amontonadas? Seguramente encuentres alguno. Siempre hay secretos y más secretos adonde quiera que poses tus dulces y curiosos ojos.

Llueve. Llueve. Llueve. Todo lo que está abajo se moja. Y lo que está arriba se ríe de las cosas que luchan por esquivar a las gotas.

Y mientras tanto, te desplegué mis sugerencias vitales, entre llantos y encantos. Pero la pulsión de la tierra toda, la que mueve los hilos, las trayectorias y las distancias entre la vida y la muerte, no puede ser expresada. Es como si descansara en una esfera a la cuál no puedo acceder con el filo cortante y organizador de las palabras. Y ellas, al mando de alguna voluntad, en este caso la mía, buscan traspasar ese límite, y llegan casi más allá de su imposibilidad. Pero no logran ni siquiera acariciar los bordes de la eternidad.

Este es mi intento por cruzar el umbral. Busco la diversidad. Una diversidad natural. Que no me separe y me haga decansar.

Hay una conexión invisible entre el centro de la tierra y las nubes en el cielo. A través de esa conexión, el agua puede hacer su recorrido, y así ayuda a la vida en la tierra a cumplir su ciclo. A renovarse. A desplegarse, crecer y arruinarse. El círculo. Sin cesar. El agua también recorre las dimensiones del azar.

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