Cuando hay verdad, cuando percibo la verdad, ya no tengo libertad, o ya no me hace ningún sentido pensar en esa condición. Cuando percibo una verdad, ésta me toma por completa, me colma de tal manera que no tengo opción. No se me plantea la cuestión de elegir. Simplemente sigo esa verdad. Es esa sutil intuición que se presenta en los momentos radicales de mi vida. Con esto, se deshace toda mi débil teoría de la libertad, del ser humano como ser libre. O es que eso solo me sirve para ordenarme cuando no estoy en el terreno de la verdad. En la verdad no hay separación ni comparación ni elementos separados. Pero necesito manejarme con el criterio de la libertad hasta llegar allí. Y una vez en la verdad, ya la libertad se deshace, no tiene más sentido. Como no recae sobre mí la responsabilidad de elegir, me voy alejando más y más de mi ego, hasta el punto de desaparecer. No hay más ego ni libertad ni separación ni ansiedad. Qué hermoso.
lunes, 28 de junio de 2010
La libertad para llegar a la verdad y a la desintegración de mi ego.
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