sábado, 26 de junio de 2010

Dos personas y una relación.

El movimiento irremediable. Los cambios constantes. El fluir de la vida te pone en esa tensión constante. Y el otro tal vez no puede seguirle el ritmo a esa tensión que vos planteás en determinado momento. El otro tiene también su propia tensión, su propio ritmo y su propio fluir. Entonces no se comprenden. Hay desfasaje de mundos, de sentimientos y de significados. No hay puentes entre ambas tensiones. No hay conexión entre esas personas que conforman esa relación. Es muy difícil lograr sincronizar lo emocional, lo sexual, lo anímico, lo racional de dos personas en una relación. El momento de la sincronización es un milagro. Podría ser el milagro del orgasmo en lo sexual, el milagro del abrazo sincero en lo anímico. Y más. Pero, por fuera de esos momentos extraordinarios de la sincronización, todo es complejo. A veces más, a veces menos. Y por más de que haya mucho amor y buenas intenciones, la sincronización no depende de nosotros, sino del misterioso movimiento de la vida.

En este contexto que me imagino, que pasó y no pasó, la sincronización no pudo lograrse. La relación no resistió a la espera del milagro. Qué hacer frente a esa aparente triste realidad? Reír. Reír es lo que queda. Es el puente. Es lo que une. Allá, en la otra dimensión. Frente a la realidad de la separación, la risa es la solución, lo que trae alivio aL corazón, lo que mantiene la conexión emotiva en ese otro espacio: el del amor y la imaginación.

Te veo. Me veo. Me pierdo. Te dejo. Me escondo. Me duermo. Te quiero. Entonces vuelvo. Despierto. Estás lejos. Desierto. Me seco. Me recupero y regreso. No hay tiempo. Y espero. Silencios. Desechos enfermos.

Tiempo paralelo. Tiempo de reserva. Tiempo en otro lado. Tiempo acostumbrado. Tiempo retrasado. Tiempo desalmado. Tiempo diferente. Tiempo en otra mente.

Te encuentro. Nuevo y viejo. Te envuelvo. Despierto de nuevo. En el silencio. Te invento. Te envuelvo. Te invento y desaparezco.

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