sábado, 13 de marzo de 2010

LA GUARDIANA DE LA PUERTA

LA GUARDIANA DE LA PUERTA.

Mientras se deshacía una canción se inventaba otra. Los mismos acordes, el mismo pulso, la misma dinámica. Mientras entraban por mis oídos, yo mantenía los ojos bien cerrados. El juego comenzaba a desplegarse por todo el espacio. Por todo ese espacio que construía con los ojos cerrados. Al mismo tiempo ese espacio se hacía más consistente con la música que me iba penetrando por los tímpanos y por todos los poros de mi piel toda. Aparecía una guitarra y luego se iba. Venía un piano y luego se iba también. Así entraban y salían un muchísimos sonidos, y se movían por ese espacio mágico que yo estaba creando con mis ojos cerrados, mi energía dispuesta y mi corazón atento.
Había un ‘otro’. El desplegaba su música en la guitarra, y yo me iba envolviendo en ese abrazo invisible que me llenaba con su potencia infinita. Con y a través de esa música. Y a través de ese otro. La vida me estaba curando ahí mismo. No lo comprendo pero lo sé. En ese instante preciso y con ese ‘otro’. Como un orgasmo largo y dulce. Así me sentí. Fue un instante pleno. No necesitaba nada ni nadie. Simplemente dejarme estar ahí mismo. Con ese otro. En ese espacio. Con esa música mágica. Un sonido melancólico y lleno de amor.

UN VINO. CREACION, LOCURA Y MUERTE.

Abro una botella de vino. Qué tiene que verla creatividad con la muerte? Porqué, en mi esquema, buscar una forma nueva implica una muerte? Porque desestructura lo que existe. Y qué, acaso desestructurar es morir? Desordenar es matar? Entra como forma nueva en el conjunto de lo que existe, y por eso, al establecer relaciones con lo que existe, se modifica y a la vez modifica lo que ya existe. Transforma al conjunto. Entonces… entonces qué? Me perdí porque me quise hacer la profesora… ah, ya sé, estaba en la locura y la creatividad… digo, muerte y creatividad. El que inventa algo nuevo asume un riesgo. Puede vivir o morir. Puede permitir la vida o matar. El que sale de la regla puede matar. O cuando uno mata sale de la regla. Hacer el bien es la regla. Hacer el mal es romper la regla. Matar algo que nos hacía mal, es bueno. entonces a veces matar es bueno (cuando matamos algo malo). Entonces a veces romper la regla es bueno. Hacer el mal es romper la regla? Es lo que no nos gusta. O por lo menos a mí. El mal , digo. No me gusta. Algunas reglas que ordenan tanto me ponen nerviosa. Quiero traspasarlas. Quiero buscar excepciones. Quiero convertirme en excepcion y saltar al abismo. Quiero ayudar a otro a convertirse en excepción. Mejor no. No sería ‘excepción’ lo que quiero, porque de esa manera seguiría estando dentro de la perspectiva de “cumplir la regla”. Y lo que quiero es ir más allá de la regla. Entonces no quiero una excepción. Quiero algo nuevo. Creatividad. No muerte por favor.

Mmm. No sé.

La primera desilusión viene con el descubrimiento de que no sos especial. De que era todo una construcción. Y después, una nueva construcción para confirmarte que sí sos especial. En este tipo de pequeñas y fundamentales aparentes contradicciones se desenvuelve el misterio vital.

Todavía sigo pesada para que el viento me arrastre con su impulso. Ya llegará ese momento en el que la fuerza de gravedad no tenga más sentido en mí, ni tampoco influencia ni poder sobre mi cuerpo. Ahí, en ese instante, el viento y yo seremos una misma intensidad.

Tal vez no hay nada que entender. No se puede estar así sin saber qué hacer sin saber qué ser ni cómo ser ni para qué ser ni cómo fluir ni en qué medida ni con qué parámetros ni si los inventamos nosotros o si seguimos alguno ya planteado. Si soy una estúpida porque creo o si soy una racional limitada porque me quedo en el nivel de buscar argumentos y premisas sólidas (que se puedan fundamentar a través de algún procedimiento lógico o apartir de la experiencia). Pero si la experiencia es solo una ilusión, entonces de dónde empiezo? Si lo que veo es una infinitud de partículas siempre presentes desde antes / ahora y para siempre que se unen formando enjambres de nada que a la vez tienen formas, texturas, colores, sabores y significados diferentes, pero todo eso no es más que nada porque todo es una ilusión y a la vez todos somos uno, todos somos parte de la totalidad, pero nadie me explica qué es la totalidad ni qué papel vengo a jugar yo en la totalidad, si es que juego a algo (y si es que todavía sigue habiendo juego y picardía).

Te da miedo el silencio de la noche?

O reconocer en la oscuridad que no sos nadie más que vos; ni siquiera un “vos”?

Que no hay nada – ni nadie, ni siquiera un ‘vos’?

De repente un vacío, el infierno mismo, y después, el amor.

El unico sentido es el amor. Sino todo es un absurdo inconcluso e interminable, y por eso insoportable. El amor es la respuesta, el principio, el camino, la meta, el destino, el aprendizaje. No hay nada afuera de él. No hay nada más que él.

No entiendo, pero escribo.

CANTAR CUANDO HAY CONSUMO Y ESPECTACULO

El cuerpo como consumo. La lógica del consumo. En el espectáculo todo se separa. Cómo hacer para cantar sin separación? Desafiando la lógica del espectáculo? Burlándome del consumo? Eso quiero, tal vez. Un espectáculo que no sea espectáculo. Expresión sin separación. Entrar en la otra dimensión. Que escuches mi canción y que no sea mía. Tampoco tuya. Porque no hay separación. Simplemente el transcurrir de sonidos, sensaciones y toda clase de materialidades no físicas, en el mismo instante en el que dejan de existir ( porque se transforman en eternos. Quietos instantes eternos de sonidos mezclados de cualquier manera, porque acá no importa la forma ni la norma. No hay ley. No hay sujeto ni objeto que regule lo que es. No hay límite alguno que moldee. Nada que recorte el mundo y lo que discurre en él, porque no hay mundo ni nada que comprender. De nuevo el misterio, la falta y todo lo que desde acá no podemos acceder.