sábado, 13 de marzo de 2010

LA GUARDIANA DE LA PUERTA

LA GUARDIANA DE LA PUERTA.

Mientras se deshacía una canción se inventaba otra. Los mismos acordes, el mismo pulso, la misma dinámica. Mientras entraban por mis oídos, yo mantenía los ojos bien cerrados. El juego comenzaba a desplegarse por todo el espacio. Por todo ese espacio que construía con los ojos cerrados. Al mismo tiempo ese espacio se hacía más consistente con la música que me iba penetrando por los tímpanos y por todos los poros de mi piel toda. Aparecía una guitarra y luego se iba. Venía un piano y luego se iba también. Así entraban y salían un muchísimos sonidos, y se movían por ese espacio mágico que yo estaba creando con mis ojos cerrados, mi energía dispuesta y mi corazón atento.
Había un ‘otro’. El desplegaba su música en la guitarra, y yo me iba envolviendo en ese abrazo invisible que me llenaba con su potencia infinita. Con y a través de esa música. Y a través de ese otro. La vida me estaba curando ahí mismo. No lo comprendo pero lo sé. En ese instante preciso y con ese ‘otro’. Como un orgasmo largo y dulce. Así me sentí. Fue un instante pleno. No necesitaba nada ni nadie. Simplemente dejarme estar ahí mismo. Con ese otro. En ese espacio. Con esa música mágica. Un sonido melancólico y lleno de amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario