Sobre cómo lo dulce se transforma en lo salado. Sobre cómo lo salado vuelve a dar a lo dulce su gusto sagrado.
El mar, sin lo dulce, seguiría siendo salado? Sin lo salado, lo dulce seguiría existiendo como ‘dulce’? Qué pasaría con las frutas si de repente la arena absorbiera toda la sal del océano?
Todos los ríos desembocan en el mar. Y el mar devuelve el agua a los ríos. Hay una conexión invisible entre el centro de la tierra y las nubes en el cielo. A través de esa conexión, pasa el agua, permite su recorrido ayudando a la vida en la tierra a cumplir su ciclo. A renovarse. A desplegarse, crecer y arruinarse. El círculo, sin cesar, el agua recorre las dimensiones del azar.
Lo salado es esencial. Esta es la premisa que imaginó mi cabeza hoy. Lo salado existe a pesar de lo dulce. Aunque no investigué nada al respecto, simplemente me dieron ganas de interpretarlo así. No importa la oposición verdadero – falso en esta dimensión. Estoy jugando con la creación.
Entonces lo salado existe a pesar de lo dulce. En mi esquema imaginativo. Pero, también, lo salado no puede existir sin lo dulce. Porque no sería ‘salado’. Sería lo mismo pero también diferente. Porque todo se define dentro de un conjunto. Cada cosa se llena de un significado dentro de un sistema, rodeado de otras ‘cosas’. Nada es completamente solitario ni absoluto. Esta es mi conclusión. Sin saber nada, lo intuyo.
Acá no hay vaivén. Ni ida ni vuelta. La balanza se inclina para un costado. Ahí encuentro un equilibrio extraño.
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